sábado, 16 de diciembre de 2017




Me estoy hartando de los comienzos. Me molesta ser intermitente; estar pero no estar. Saber que soy de algún sitio, pero no aquí. Y es que huir se me da muy bien, herencia, supongo. Creo que el problema es que mi papá nunca me enseñó a echar raíces y ya sabes lo que Edel Juárez decía: "Vivir sin raíces no es viajar, es disgregarse. Para crecer, el corazón necesita dónde volver." A veces, me gustaría experimentar cómo sería eso, saber que siempre se puede volver. 

Pertenecer. Tomar el camino de siempre. Un colchón con mi forma. Tener un lugar reservado en la mesa. Un rincón preferido. Mi foto en la pared. Que tus cosas no se la pasen en cajas. Quiero decir, sé lo que es una casa, he vivido en muchas, también he dormido en camas pequeñas, grandes, inflables, literas, sofás, asientos de bus y del metro, parques, jardines, salones, una vez hasta sobre una esponja en el suelo de alguna oficina. Con esto, quiero decir que podría vivir donde sea, pero no por mucho, porque o ya no me dejan, o me corren, o cambiaron, o ya no existe, o ya no quiero, o no lo recuerdo, o está imposible, o quién sabe. 

Siempre andando a prisa. Y es que siento que se me acaba el tiempo. Tengo la mala costumbre de acelerar, cuando sé que algo me va a doler. Por eso quiereme hoy, quiereme rápido, porque estoy aquí pero mañana estaré en cualquier otra parte. 

Y perdón.



Si me voy, es porque ya no sé cómo carajo quedarme.

miércoles, 6 de enero de 2016

Rojo.

No sé ser feliz si no es con tabaco, y ésta dependencia emocional acabará consumiéndome. Y ya sé que todo el día me la he pasado recordándote, te tengo aquí, incrustrado, recitándome en silencio que tengo "toda la pinta" de un corazón roto y adolorido, pero no me dices nada porque sabes que me queda muy bien el pintalabios rojo y temes perderte en una maraña de pensamientos que no sabes desliar. Presiento que ésta noche trae doble ración de melancolía, ya sabes, yo no soy de las que olvidan, pero debo admitir que en un intento desesperado, tiré por ahí tus recuerdos, así como en las esquinas se tiran desprevenidas las colillas de cigarro.

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Te imaginas yo, versándote todos los días?

Te haré un escrito bonito, como suelo hacer, hablaré de los planes ultra secretos y de las ganas que tengo de encontrarte.

Comenzaré diciendo que me faltas y que ando incluyendo tu nombre en cada cosa y paso que doy y hago. Te he colocado ya, los besos más bonitos. De un tiempo para acá siento que "bonito" se creo para adjetivar todo lo que tenga que ver contigo.

Acomodaré las palabras para confesar que ésta espera me mata quedito, pero no me quejo, esperar y buscar sin querer, hallarte, es casi un placer. No trataré de convencerte, pero a riesgo de parecer un tanto ridícula, diré que tu alma y la mía se han estado buscando cientos de veces en la misma vida desde mil trescientas perspectivas. Al leerme sabrás por qué los domingos me saben a melancolía y el por qué los quince segundos antes del amanecer, cuando todo se extingue, sola, me quedo en la calzada pensando, sin decirlo, en robar el coche y huir detrás de mis deseos de adolescente trasnochada.

Tú eres la enfermedad de la que estoy enamorada, la eterna recaída. Somos dos rompecabezas con las piezas del corazón perdidas. No prometeré que voy a quererte a la perfección, pero sí que al reunir cada pieza y adherir una que otra, lo haré con cuidado y con la intención de que al ser más completa, seas feliz. Y es que tu tristeza, junto con la mía, hacen una felicidad.

Te escribiré una cartita, como suelo hacer, ojalá vengas hasta donde estoy y la leas. A lo mejor tienes miedo de que tu mundo deje de tener sentido si vienes, si te quedas, y, bueno, qué te puedo decir yo, si también creo que podría ser así. Pero ya sabes lo que dicen, "tal vez si hacemos de esto algo malo, nos dure toda una vida".

La verdad es que yo te quiero todos los días de la semana, en el desayuno, en mi cigarro de medio día, en mis poemas, en la cola del súper. Y me quiero a mi en tu vida. "Tal vez piensas como pienso, y me une a ti la misma coincidencia". Aquí es cuando espero que entiendas si no te llamo por tu nombre y te pongo uno que hable de las comillas de tu sonrisa, de tus ojos tristes o de las madrugadas escribiéndote. Alguien me enseñó alguna vez que debemos llamar a las cosas por su nombre porque, de no hacerlo, se convertirán en nada. Y no queremos ser "nada". Queremos hablar, que la panza siga doliendo. 

"¿Te imaginas yo, versándote todos los días?"


Me siento vacía cuando siento tanto y no sé darle forma. No sé ofrecerte nada porque nada tengo. Soy un mundo de contradicciones y no quiero ser de otra manera. Odio lo racional y lo políticamente correcto. No sé si al acabar de escribir todo esto acabaré un poco más rota de lo que ya no me importa. A veces tiemblo bajo las sábanas por no saber comprenderme, no sé quién soy, lloro y río a tiempos iguales y a veces el reflejo no me pertenece. No sé quién es esa que mueve los dedos sobre el teclado. No reconozco las calles y la rutina me asfixia. No sé por qué el chico que me vende los cigarrillos sueltos me saluda cada vez que paso por ahí, ni sé por qué el mismo chico, que me miraba mucho según mi madre, dejó de hacerlo cuando un día me vio las muñecas. ¿Qué le pasa a todo el mundo? Que dejen en paz a mi tristeza. ¿Por qué la odiaban tanto? Es lo único bueno en mi. Quizás no me creían cuando dije que yo me alimentaba de todos los males, que yo me alimentaba de los errores y que a la larga despreciaba los aciertos porque no dejaban cicatriz. No es cuestión de cómo sean las cosas. No es así. Las cosas no tienen que ser de ninguna manera, más que como uno lo decida. No lo sé, la gente se mete demasiado en cómo vive la otra gente. ¿Y qué, sí quería morir? ¿Y qué, sí era una puta loca del coño que decidió hacerlo de una manera catastrófica, tan teatral? Cosa suya. Ahora todos los caminos parecen putas desesperadas llorando por un "llegar a casa". Pero joder, cada quien decide cómo traicionarse a sí mismo como mejor le convenga. Y ya. Y sí, podemos seguir viviendo de ésta manera. Aquí no hay nadie que sea feliz de cualquier forma. Nadie encuentra su camino sin haberse perdido varias veces. Mañana cuando amanezca sabrás que al final siempre amanece. Que a veces, salir de la cama todos los días es suficiente.

sábado, 28 de febrero de 2015

La poesía ha vuelto y yo no tengo la culpa.


El problema empezó cuando escribí tu nombre por el simple hecho de rellenar una hoja en blanco. El problema empezó ahí, al ser consciente de que te quería, incluso, en las historias que aún no había escrito. El problema es que siempre ando queriendo cosas que no van; tengo una colección de deseos contradictorios. Y encima, urgentes todos. Y, si hablamos de contradicciones, tú eres mi favorita. Tocando el tema de las cicatrices, cabe mencionar, que las tuyas son muy bonitas para perderse.

Eres como la partitura más complicada, a penas nadie llega al final, pero cuando lo hacen... repiten. Pasa que a veces sólo le cabíamos el nombre a nuestra obsesión. ¡Pero qué nombre más bonito tienes!

Y, entre todas esas cosas, entre la música y las risas, entre las miradas y los besos que no nos damos todavía, entre Morelia y sus calles, y los estudios, y las fiestas que no nos gustan, entre todas esas cosas te quiero, te quiero así, porque no encuentro razón, porque no quiero buscarla.

Qué manera más absurda, ahora que lo pienso, sin un por qué definido. Yo no podría explicarlo, ¿comprendes? De haber querido, no habría encontrado la manera de hacerlo.

Tuvimos la misma opción, pudimos ignorarnos, pudimos no ser; ambas, sin saberlo, nos elegimos y aquí estamos, ante todas las improbabilidades; demostrando que cuando alguien está destinado a ser, es. Yo no creía en eso del destino, pero contigo dudé. No me preguntaste quién era, ni cómo había llegado hasta a ti, porque sabías que me habías llamado tú. Tú. Tú llegaste para quedarte, aún sin estar aquí.

Tengo un sin fin de palabras que sólo brotan cuando no estás conmigo; por eso amo escucharte y que me dejes en silencio; y es que cuando me dices que me quieres más eres tan bonita, que sólo quiero que me lo repitas una, y otra, y otra vez. Quiero escribirte poemas a besos, desde tu ombligo hasta tu...

Sólo una pregunta me joda todas las dudas.


¿Seguirás pasándome?

domingo, 21 de septiembre de 2014

La esperanza, como siempre, va llegando tarde.

Yo ya tenía una botella media vacía y… sin querer queriendo, ya le estaba rimando. Ahora tomo su cintura, la encuentro en el cuerpo de éste lápiz (últimamente ella está en todas partes). Le quito la blusa mientras escribo, la beso mientras me lee.  El amor no es algo que se alquila, pero  odio cuando el hijo de puta viene y me rinde cuentas, y me pide que le haga y que le deshaga; odio entonces cada verso y cada estrofa, insulto todas las vocales menos las de su nombre; hice un intento inútil por desafiarme, me propuse no pensarla, no habitarla, pero la sentí más mía.

No voy a hablar de ella, no voy a hacer mención a sus pestañas largas, ni a sus lunares, esos que tiene en ambos hombros y que tanto le gustan. No hablaré de su risa nerviosa. De lo directas que eran sus palabras. (Y qué idiota era y cuantísimo la amé.) Ni tampoco de cuando se alteraba mientras la veía y pensaba que era lo más bonito que alguna vez tendría en mi vida. De cuando miraba a los gatos negros fijamente porque no le tenía miedo a la mala suerte. Y era, en cierto modo, porque ella era la mala suerte personificada. Y yo, como siempre, me enamoré del caos, del desastre y de su vacío. Más, por mi parte, no la seduje con cigarros, ni rosas rojas, siempre le llevé muy dentro, clavada hasta la puta madre. Llegué a pensar que no había pareja en el mundo más afortunada que nosotras, ya que morderle los labios sabía a felicidad.

Olvidaba mi nombre cuando decía que me amaba, y al olvidar mi nombre sabía quién soy. Soy el cadáver al que le brotan flores, y hoy tampoco le he llevado un girasol. ¿Qué hago con todas esas veces que no voy a escucharle reír, con el vacío de entre mis dedos porque no llegan los suyos kamikazes, a besarlos?, ¿y qué con el dolor extraño de esa forma tan suya de no decirme ya “te amo”, ni por error y sin cuidado? ¿Dónde está?  Ya es Septiembre, he escrito mi nombre, no sé quién soy y necesito que me ame.


Por favor, tú, desconocido,
que me lees y me sufres,
dile a mi chica de ciencias,
que la chica de letras, yo,
siempre más (más, más, más, más, más).
Y que es...
 lo mejor que le va a pasar a alguien más.

Patetismo.

Hoy justamente he escrito algo, pero no me ha gustado el resultado, para variar.  Llevo unos días en los que escribo mucho, también estoy peor. Es  difícil decir siempre todo lo que se siente. Pero se siente. Todo. Siempre. Siempre fui de esas que no saben fingir, de las que necesitan un por qué para todo porque sí. Al mirar atrás, veo que dejé de escribir en mi libreta cuando dejé de querer conocerme más a mí misma. Me di cuenta de que prefiero echarle la culpa a las piedras cuando caigo, cuando el problema está en que siempre voy mirando atrás. He comprendido que a veces es la forma en que caminas, y no el camino, lo que te hace tropezar. Creo que a pesar de un par de duros golpes por parte de la vida, puede que haya sido yo quien haya jodido mi suerte, pues esperando siempre un mal tiempo, es normal que del diario me llueva. Pero lo peor es que sabiendo todo esto, sigo aplastada bajo el peso de mí misma; pues no encuentro la manera de romper lazos con Plutón, ni sus satélites. No consigo reaccionar.

Odio no querer hablar con nadie porque antes de conocer a alguien, ya estoy pensando en qué haré para cagarla y que se vaya de mi vida, es bastante frustrante vivir así, pero se consigue, supongo. Como cuando te odias a ti por ser tú, qué contradicción, ¿no? Si eres lo único que tienes, qué mínimo que llevarte bien contigo. No soy lo que quiero, ni quiero lo que soy. Bueno, supongo que el ser humano es así, o a lo mejor soy yo sola. Qué va.

Ya es bueno que me quiera morir y no sea por amor, quizás una buena razón sería la adicción al tabaco y no a las caderas. Fumar mata. Y finalmente, la muerte no es nada más que poesía. Bien decía Bukowski: “¿Qué puede hacer un poeta sin dolor? Lo necesita tanto como a la máquina de escribir.” Ya sé que pocos gustan de leer un poema tan lleno de imbecilidad y patetismo; un poema que no trasmite confianza, seguridad ni esperanza, o que no ofrece al lector la cabeza de sus propios recuerdos en bandeja de papel… pero necesito escribirlo, porque el escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar, porque éstas sombras no se espantan con un par de días en que todo salga bien, ni con unas palmadas en la espalda, ni aunque me digas a la cara “supérate”; o que soy una idiota, cobarde, o una marica… lo asumo y entiendo todo ello. Tal vez estoy delirando, lo que yo hago no llega ni a poesía, ni a libro, me apetece escribir pero a la vez no digo nada, así que voy a publicar esto y para al cabo de unos minutos, o días, seguramente, acabaré borrándolo por lo subnormal que me siento diciéndolo.

Mi único talento ha sido mantenerme a flote con los pies hundidos en cemento, a costa de parasitar a quienes me quieren, y buscar que me sigan soportando para evitar que pase lo que tiene que pasar. Pero en fin, aquí sigo… Tragando niebla negra.


 “No quiero escribir, no quiero estudiar; quiero, simplemente, ser de verdad; aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada…”

—           Julio Cortázar

viernes, 8 de agosto de 2014

La señorita Gatica.

Un miércoles por la tarde tuve una idea estúpida: “¿Me seguirás queriendo dentro de tres, cuatro, o cinco años?” Le dije. “Sí”. Contestó. Con todo y su odio hacia mí. Y es que es triste no encontrar a la persona que nació para uno, pero encontrarla y perderla es una mierda. Así que no necesitaba más. Todo esto empezó porque todo había terminado. Recordé que en algún ataque bajo el efecto de los “para siempres”, le pedí que se casara conmigo, obviamente no en ese momento, sino que siete años después. Aceptó. Yo quería apartarla para mí desde ese preciso y egoísta instante. Ella era como ir corriendo a la estación, sabiendo que el vagón del metro ya había pasado. Necesitaba intentarlo. O simplemente correr. Tenía esa extraña manera de habitarme desde afuera, la sentía en cada movimiento, cuando se reía, cada que bailaba, también ese dolor que nunca terminaba de ser cada que se despedía. Me tranquilizaba el saber, que tenía más esperanza en nosotras que yo en mi misma. 

Teníamos planeada la vida y un romance de esos baratos, ya saben, huir de casa jóvenes y que no importara dormir en una colchoneta sucia del suelo y en calzones, si teníamos nuestros cuerpos como calefacción. En cambio, yo soy de esas patéticas que se creen la diferencia de la sociedad, que huyen a todo lo que les ponga ataduras y les corte las alas. Soy quién tenía la idea de que un papel no hace el compromiso, sino el deseo de querer ser y estar. Pero hasta ahora entendí, que yo quería casarme con Gatica precisamente porque quería con ella todos los pronombres, todas las malditas maneras, formas y lugares habidos y por haber; de la mano, corriendo, peleando, amigas, de novias, extrañas, casadas, dejadas, en un vagón del metro, bajo un árbol, la lluvia, o las sábanas. ¡Todo! Así que permití que me jodiera las hojas blancas. ¡Mira de qué manera trastocaba mis esquemas! Que aún no he decidido, si ponerla en el montoncito de las mejores cosas que me han pasado o en el de las peores. Lo lamentable, es que tengo 17 años, la amo y me dejó. Es una mala combinación. Además de que estoy jodida, no tengo nada que ofrecerle y bueno… me desvié del punto. Quiero que conozca, salga, sané y tal vez, incluso, ame a otros, que yo volveré a buscarla, ya más cambiada, más madura, más valiente y menos pendeja; para qué ahora sí y de una vez por todas, me quiera, mejor, más bonito, sin doler. Y ojalá una tarde de miércoles, dentro de tres, cuatro, o cinco años, Gatica también tenga una idea estúpida y vuelva a bailar conmigo, sin música y con el corazón roto.


Y no, no se equivoquen. Que ya no quiero consuelos ni consejos, que nada tiene de malo, y nada tiene de raro, que se me hubiera roto el corazón, de tanto usarlo. 
Es de madrugada y tal vez ya estés dormida, y tal vez yo ya debería estar durmiendo, pero quiero escribir sobre ti y decirte que te extraño a pesar de que tú no lo hagas, a pesar de que no lo merezca. Que me gustaba cuando me hablabas hasta quedar dormida, y me gustaba que me abrazaras al despertar. Me gustaba dormir a tu lado. Me gustaba besarte los miedos. Me gustaba tener días contigo. Tienes que saber que te agradezco el tiempo que pasamos, las noches que estuvimos, los te quiero que dijimos y los que también callamos. Agradezco haber sido por un tiempo tu sonrisa y el brillo tan hermoso de tu mirada. Agradezco que me hayas querido, que me hayas cuidado, que me hayas aceptado una historia que jamás olvidaré. Cada momento hace una vida, así como cada gota hace un río. Y contigo yo me hice todo un océano. Te agradezco la vida que ahora me quitas, las lágrimas que me dejas y la sonrisa que te llevas. Así sean cosas buenas o cosas malas, contigo fui más que feliz que con cualquiera y será eterno el amor y eterna tu ausencia. Te agradezco que me hayas hecho soñar por los cielos, así haya terminado por los suelos. Pues contigo, no creí tener paracaídas y también creí que no existiría un final. Eres todo eso que desearía tener conmigo, pero que no estoy dispuesta a poseer, puesto que todo aquello que se tiene, en algún momento se pierde y yo, yo no soportaría perderte. No espero que lo entiendas, más sí que me perdones, y si quieres, ojalá me esperes… Que no era nuestro tiempo, ni lugar, tal vez ni siquiera nuestra vida, pero una vez me dijiste… 


¿Recuerdas?

sábado, 21 de junio de 2014

Inviernos de nieve y calor.

Yo siempre he creído que mi forma de escribir es mi forma de doler. Y que a las personas que les gusta cómo escribo, en realidad, les gusta como duelo. En éste caso, cómo dueles.

Tienes que saber que te soñé. Y me fui a la mierda, una, y otra, y otra, y otra maldita vez. Porque recordé lo que estaba tratando de dejar, recordé todo eso que me partía en dos. Ahora volví al inicio. Es como si la vida me dijera: "Mira, aquí tienes, vuelve a intentarlo".


Sé, que en una de esas salgo a buscarte, sé, que corro el riesgo de encontrarte. Ojalá ahí. En ese mismo parque, en esa misma banca, bajo esa misma brisa, y con esa misma sudadera color mamey, que más bien es rosa. 


Pero ésta vez no quiero empezar bajándote la luna, el sol, las estrellas ni las lágrimas. Ésta vez no tengo nada que decir, más que te extraño, más que te amo, más te odio y no soy capaz de odiarte. Que estoy fastidiada de acabar todos mis escritos con un "regresa", con un "quédate" o un "no habrá más reproches". 

Hazme un favor, y dime que me vaya. Porque, si te miro a los ojos una vez más, ya no tendré valor para marcharme.




La canción tenía razón...








sábado, 14 de junio de 2014

Diecisiete.

Nací para huir, hija de un padre escapista y una madre que pinta señales de emergencia.
Predispuesta siempre a otro desastre que sé, no podré lidiar,
la herencia a huir sin retornar igual suele incluírseme en el paquete.
Ningún lugar es mi lugar y no consigo reconocerme en nada, ni en nadie.
No sé echar raíces, y tengo complejo de nube, lejana y ajena.
Tienes que saberlo, cielo; que no es fácil quitarse el pasado y sacarse los miedos.
Al (d)escribirte esto, me di cuenta de que esto es todo lo que tengo.
Pero hay un punto aquí, y siempre has sido tú.
Quiero quedarme, con cada promesa que “quedarme” conlleva.
Sé que lo que está atado a mi nombre, termina en tragedia.
Y estoy consciente de la realidad que te ofrezco,
que te voy a romper a pedazos, porque seguro lo haré, seguro lo harás.
Sé que “para siempre” es nada, y nada un parpadeo.
Y, ¿qué te digo? Que el amor es todo, menos sencillo.
Que quiero complicarme la vida un ratito contigo.

lunes, 2 de junio de 2014

Blanco.

Ayer no pude dormir y después de algunos meses, volví a llorar por ti. Los recuerdos llegaban uno tras otro, y dolía. Era feliz contigo... pero yo no te hice feliz a ti. Y qué mierda que me di cuenta tan tarde. Qué mierda que la gente opine y que hable, que se jodan, que ellos no saben nada, y creo que tú tampoco. Me siento culpable, ¿sabes? Por empezar a ser feliz con alguien, por empezar a amar a alguien que no eres tú y toda esa cosa barata. Quisiera que no devaluaras lo que s(i)ent(o)í por ti, que jamás dejes de creer en lo que te decía, qué gracias a ti hoy soy gran parte de lo que soy. Aunque se lea enredado, sé que entiendes mi punto, o eso espero. 

¿Recuerdas aquella historia del hilo rojo? Pues, existe una parte de ella de la cuál tal vez no sabías. Existe también, un hilo blanco. Vacío. Perdido. Es ese amor que quería que sucediera. Ese amor que quería para toda la vida, pero que terminó en instante y parpadeaste. Somos opuestos, caminamos separadas, hubo un cruce entre nosotras, pero no estábamos destinadas a estar juntas, porque sé que encontrarás al amor de tu vida, tú la encontraste a ella y yo no soy tu hilo rojo, fui esa a la que quisiste y de igual manera yo te quería a ti. Pero aunque llegáramos a estar juntas, no será más que segundos, y lo lamento. A veces, solía decirme: "sé pintar, y pintar el hilo no sería un problema”, pero no me permitiste siquiera despedirme, te levantaste, me abrazaste, y te fuiste. Dolió, duele, y seguirá doliendo… pero ahora sé que los amores fugaces son para siempre, y tú para siempre serás. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Declárame la guerra.

Ven, o llévame contigo. No me hagas el amor, que eso ya está muy visto. Declárame la guerra. Quítame las dudas y el vestido, píntame un escalofrío y con la luz apagada recorre la línea de mí espalda. Respira, y a voz bajita y latidos altos dime que me quieres. Deja que mi frente y tu ombligo se hagan buenos amigos, mis manos y tu entrepierna debían conocerse algún día y mira, mis labios te deben un paseo por tu cuerpo, y si me dejas, te lo explico. Desabróchame las ganas, demos paso al huracán. ¿Qué más da si nos escuchan, o si no dormimos? “No importa”. Juguemos al escondite, aunque nos encuentren y nos traten de usted. Que no te enturbien las ganas mis quejidos, que cuanto más me niego, más lo pido. Y no, no me cargues sino estás dispuesta a caer conmigo. Mírame y sonríe, que si no quieres, yo no te muerdo. El sillón nos está llamando, pero ya sabes que yo no acepto a la primera. Anestesiemos a la prisa y a sus ganas de acabar. Dime que no llegará mañana, que buscaremos la forma de que todo sea inmortal. Y dime que la vida son dos días… 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Lo dicho.

Hablo yo aquí como si fuera escritora profesional o algo, dando nombre a textos que nunca verán la luz, pero supongo que así quedan más bonitos, como cuando regalas algo y te empeñas en que el papel que lo envuelve sea de un color apropiado, pero qué mierda, si va a ir a la basura de cualquier forma. Pues algo así. Estoy vacilando. Y es que a estas alturas del partido, me resulta más sencillo escribirlo, que decirlo... Que contigo aprendí a bailar sin música y a querer con el corazón roto. Quiero decir, que a veces, conoces a alguien que sabes que te cambiará la vida. Y lo hace, y lo esperas. Pero, si tienes suerte, conoces a alguien que no esperabas, que no por nada viste avanzar entre la gente, que no por nada vino desde más allá de los colores. Que te haría confiar, creer, hasta llorar. Llorar de felicidad, digo. Suena a locura, ¿te lo imaginas? ¿A que no? No creía en las lágrimas por felicidad, hasta que te abracé. Y me atrevo a decir que jamás me había sentido tan bien en unos brazos. Y es que casa no es dónde haces la cama, sino dónde descansas los huesos, donde se cosen heridas. Ahora todo sabe distinto. Qué puta madre hermoso se ve todo a través de tus ojos. Ya no parece tan jodido eso de despertar del diario desde que estás. ¿Pero qué pasa? "Enamorarse", le dicen. Más bien es como lamerse las tristezas el uno al otro hasta que sonreír se parezca al amor. Querer compartir la vida un ratito contigo, o siempre. Ya no sé si hacerte cosquillas o promesas. O ambas. Pero si sé que no necesito perderte para saber que te he encontrado... La canción se ha acabado, espera que le de play otra vez, que yo sin música no soy. Ya, ya. Lo dicho, que en pocas y muchas palabras, te amo.

sábado, 12 de abril de 2014

Y entre líneas se oculta un "no te vayas".

Hay noches como la de hoy en las que te extraño más, y me da por recordarte, por escribirte. Y es que sólo hay una como tú. Me gustaba que te gustara caer, y caer, y caer otras mil veces. Como si estuvieras convencida de que el abismo también es volar. Y yo me quité las alas para caer contigo. Y te agradezco, te doy las gracias por enseñarme tu manera tan peculiar de volar, aunque terminara por los suelos.
Hoy estoy sentada aquí, buscando la manera de disculparme. Por todo el dolor que nos causamos, por todo lo que nos dijimos, y lo que no. No sé, creo que hay un número limitado de oportunidades para estar con alguien, y nosotras lo estropeamos tantas veces que ya no hubo nada más que hacer. Y que mierda. Pero, la cosa es que nadie me conoce como tú. Sólo tú sabes si me gustará una canción antes de que la escuche. Te ríes de mis chistes antes de que haya terminado de contarlos. Contigo soy más yo que con nadie. Lograste que me quisiera y eso nunca se me olvida. Siempre te amaré -como te lo he dicho “hay cosas que nunca cambian”-. Porque crecimos juntas. Me ayudaste a ser lo que soy ahora.
Hoy también es una de las tantas noches en las que no me dejas dormir. ¿Te das cuenta de que jamás tuvimos una despedida? Es por eso que la herida no cierra… porque la sutura está hecha de puntos suspensivos. Y es que no dejo de pensar en que todas, absolutamente todas las casualidades están llenas de intención, y tú llegaste a mi vida por casualidad; entonces, ¿cuál fue tu intención conmigo? Sí no pensabas quedarte… 
Hoy sólo quisiera decir que por más distancia que haya, nunca logrará convertirse en olvido. Que siempre habrá algo de ti en mí. Y gracias. En quien sea que te conviertas y donde sea que estés, espero que tropieces con mis “Te quiero. Te amo. Te extraño. Te todo. Me todo”, de vez en cuando.

miércoles, 9 de abril de 2014

Abril, 9.

Aquí estoy, pensando en cómo decirte tanto y nada. Y es que tan sólo pensar en que leerás todo esto me pone nerviosa y me tiemblan las letras. Te seré sincera, cuando te conocí no creí que te volverías alguien tan importante para mí. Pienso en ti todo el día. Sanaste la herida abierta que llevaba en el alma, sin siquiera saberlo, sin sospecharlo. Fuiste quien se quedó cuando ni yo misma estaba. Y gracias, oye.

Eres todo lo que esperaba y aún más. Eres la necesidad de lo que no hace falta y sin embargo, cuando no esta me mata. Dicen que el punto está en encontrar a la persona que jamás buscaste; que resulta incómoda de tan perfecta. Así me pasa contigo. No sé si entiendas. Que me gustas. Me gustas porque eres diferente a mí. Me gustas porque día a día voy descubriendo un mundo desigual al mío, el tuyo. Me complementas. Me gusta la manera en la que sonríes y se te arruga la nariz. Me gusta que veas directo a los ojos, sin vacilar. Me gusta que tengas la estatura perfecta para darte besitos en la frente y tomarte de la cintura. Me gusta que al besarme, me acaricies la cara. Me gusta terminar nuestros besos con piquitos y que en medio de una sonrisa volvamos a empezar. Me gustas porque capturas mi curiosidad y mi admiración. Me gusta que seas responsable y que te preocupes por un futuro. Me gusta la manera en la que te desesperas. Me gusta que me retes siempre y que jamás me dejes ganar. Me gusta que así como tú lo haces, yo puedo enseñarte una nueva perspectiva de las cosas. Me gusta que tu voz sea lo primero que escuche al despertar.  Me gusta saber que jamás dejaré de conocer algo nuevo. Y justamente es eso, no sé qué es lo que tienes y eso me encanta.

Como en toda relación existen contratiempos que se empeñan en desgastarnos, pero no. Todo nos hará más fuertes y sé que podremos contra ellos. Porque no existen pretextos ni excusas para alejarme de lo único que me hace feliz. Me gustan los comienzos, porque son los momentos en donde un final parece imposible. Y así quiero seguir, yo no quiero ser un “lo que dure”. Yo quiero ser un “para siempre”. Y te entiendo, eso espanta a cualquiera. Pero por favor, quédate. Te quiero.

09.03.14
09.04.14

lunes, 7 de abril de 2014

Enseñanza y resultado.

Hola, sé que te he descuidado un poco, ya no te he escrito como antes. ¡Te has perdido de tantas cosas! Déjame que te ponga al corriente de unas cuantas. Hace unos días, una maestra me preguntó si alguna vez había esperado a alguien o alguien me había hecho esperar por varias horas y, ¿quieres saber qué le conté? Le hablé de aquella vez en la que te esperé por 5 horas, sólo para darte un paquete de gansitos porque te habías enojado conmigo. ¿Sabes qué me dijo al final de la historia? “Realmente la amabas” Y sí, tiene razón, yo realmente lo hacía, o aún lo hago… o no sé. Debí haber hecho más para demostrarlo. Hace poco me hablaron de ti, me han dicho que estás mejor que nunca, me dio gusto saber que estás bien y que ella te hace feliz. Sé que no soy perfecta, y que hay mejores que yo, cometí muchos errores. Pero, al menos te mantuve una linda sonrisa para que se enamoraran de ti como yo lo hice. No te he de negar que se me contrajo el alma y el corazón al saberlo, y no sé por qué me duele, si se supone que ya me había acostumbrado…  En mi defensa diré que entendí que el olvido no existe; lo que existe es seguir adelante. Y sigo. Cada día te recuerdo menos. Quiero decir, si antes te recordaba 100 veces al día, ahora son sólo 10; y ya sé que se supone que no debo mirar atrás; mira que lo intento, pero también sé que ahí estás tú y tú sigues siendo mi debilidad. Eres demasiada tentación a pesar de saber que nos perdimos antes del comienzo. Creo que necesitaba enamorarme de ti. Creo que necesitaba luchar, llorar, sangrar y fallar. Creo que es necesario tener malas relaciones y malas rupturas. Creo que necesitábamos todo eso para que cuando la persona y la relación correcta llegaran pudiéramos respirar con alivio y decir: “Ah, sí. Así es como debería sentirse.” Necesitábamos aprender a valorar y a valorarnos. Aunque no te lo voy a negar, lamento ser la enseñanza y no el resultado. Pero no me preocupo, cielo. Tú y yo hemos tenido tanta historia, como para que sólo nos dure una vida...

Espérame en la siguiente.

sábado, 5 de abril de 2014

Recuerdo que mirarla dolía.

Ella era como unos anteojos estrellados, esparciendo cristales por el suelo. Pero era hermosa y despertaba mi curiosidad… Hizo que me fijara en todos esos detalles que no debía notar, como la manera en la que sus pestañas se rizan y enmarcan una sonrisa cada que parpadea, o cómo sus carcajadas la dejan sin aliento, formando dos comillas en las mejillas; además, hacía muecas con los labios. También me fijé en la manera desarreglada de su cabello, enmarañado, sí, pero la hacía ver más atractiva. Vi mi reflejo en sus ojos y ella en los míos; todo lo que se podía ver era tristeza. Ella tenía en la mirada mera melancolía, podías sentirla. Y aún con eso, sus ojos no perdían aquel brillo. La vida la había jodido, destrozado. Y yo quería recoger todos esos pedazos, quería juntarlos de nuevo, incluso adherir algunos nuevos; así que lo intenté, de verdad lo hice. Dicen que cuando tratas con una persona rota, debes tener cuidado con sus pedazos, porque cortan. Y así me fue. Por cada vez que trataba de sanarla, más frágil me volvía, pero no me importaba. Quería verla feliz. Cada que la hacía reír, lo único en lo que podía pensar era en que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida, verla reír. Empezó a mejorar, de a poquito reunió las piezas suficientes como para levantarse e irse, escapar. Pero no me llevó junto con ella. Y yo me quedé ahí, donde me dejó; preguntándome sí los pedazos que habían quedado tirados eran suyos, o míos. Es difícil y es triste, pero es la decisión correcta. Y siempre será mejor cuando yo no esté. Estará bien y será la luz de otra obscuridad. Y yo no me permitiré pensar en ella. Ahora, tengo miedo de que aunque no regrese nunca conmigo, no se vaya jamás de mí. No sé si entiendan. Que ella era el tipo de amor que recordaré por siempre, pero no el tipo de amor que duraría para siempre.

martes, 11 de marzo de 2014

Acertijo.

Soy un pequeño acertijo que hay que resolver. Pondrás todo tu empeño en hacerlo. Querrás saber que hay detrás de mí. Saber qué escondo. Quién soy. Llamaré tu atención. Y al final, ocurrirán dos cosas; o bien desistes porque no encuentras la solución a ese acertijo. O bien descubres la solución y el interés desaparecerá pues ya habrás encontrado eso por lo que tanto te esforzaste y ya no verás en mí motivo para seguir interesándote. En los dos acabas desapareciendo de mi vida.

lunes, 10 de marzo de 2014

Hoy, me despido de lo que pudimos ser, más no de lo que fuimos.

La mejor manera de saber cuánto quisiste a alguien; es aceptando que ya es feliz con alguien más, porque contigo ya no lo era. Y así contigo. Te quise como no quise a nadie. Te quise de forma exagerada, hasta el punto de que tú eras la protagonista de mi propia historia. Te quise mal. Te quise a mi manera, esa que corrompe y rompe todo lo que toca. Te amé así, porque no sé amar de otra forma. Te amé hasta el punto de dejarte libre para que seas feliz. Te amé incluso más de lo que me amo a mí. Y te sigo amando contra mi voluntad; porque te fuiste y se supone que debería olvidarte. Tengo miedo de seguir amándote; tengo miedo de seguir queriéndote, porque no dejaré de amarte ni de quererte, porque se me hizo fácil amarte y se me hará imposible dejar de quererte. Pero hoy, cariño. Hoy te libero de todo. Te libero de los celos, de las inseguridades; te libero de la sonrisa y las ojeras en las que te contengo; te libero de las promesas que te faltaron por cumplir, de los sueños a futuro y de cualquier sentimiento de culpa que tengas -si es que lo tienes-. De igual manera, me libero de la espera, de la esperanza de volver a ser. Y te doy las gracias, porque a pesar de el daño y las heridas, siempre te recuerdo con alegría. Hoy, también, me despido de lo que pudimos ser, más no de lo que fuimos. De mi parte, te prometo no volver a cometer los errores que cometí contigo, qué mira, me costaron la vida. Y sí, con vida me refiero a ti.